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Haití va rumbo al infierno… ¿arrastrará a República Dominicana?

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Por: Fernando Almánzar

Hace exactamente un año, el 29 de mayo de 2021, el periódico «The Miami Herald» publicó un editorial analizando la situación haitiana y el rol que debería jugar Estados Unidos (como potencia suprema de la región) para hacerle frente a la crisis política, social y económica por la que atraviesa la nación más pobre del hemisferio.
El problema radica en que, si bien todos los países hablan de «ayudar», del dicho al hecho es largo el trecho y son pocos los que hacen lo necesario para sacar a Haití del histórico atolladero en el que se encuentra.
La Organización de las Naciones Unidas, que llegó a Haití tras el devastador de enero de 2010 que dejó un saldo de entre 220,000 y 316,000 muertos, y cerca de $8,500 millones de dólares en pérdidas, se comprometió a establecer cierta institucionalidad y una administración eficaz de gobierno.
Esto, desafortunadamente, nunca pasó. Haití continúa sumergida en una crisis total y las elecciones que se han realizado allí tampoco han resuelto los problemas. La mayoría de sus 11.4 millones de habitantes a diario luchan para sobrevivir, no solo buscando qué comer sino también temiendo por sus vidas ante el alto índice de delincuencia presente en la nación caribeña.
Ni siquiera los políticos haitianos tienen la voluntad de ponerse de acuerdo en unas normas mínimas para tratar de sacar a su país de los problemas que enfrenta.
En este momento, los haitianos están limitados a tres alternativas: Quedarse en Haití y morirse de hambre porque en su país falta de todo; lanzarse al mar para tratar de llegar a Estados Unidos; o atravesar la porosa frontera con República Dominicana para buscar, donde tan poco hay mucho.
Y es que, aunque pocos quieran reconocerlo, República Dominicana es el principal afectado de los que pasa en Haití; y durante décadas ha habido un incontrolable flujo de haitianos que, en busca de oportunidades, entran a suelo dominicano sin visas o documentación algunas.
Este fenómeno ocurre pese a que en República Dominicana también existen altos índices de pobreza y de desempleo; realísticamente ya no hace falta tanta mano de obra para satisfacer los proyectos de construcción o para desarrollar la industria agrícola del lado quisqueyano.
Lo peor: Los gobiernos dominicanos han sido negligentes e irresponsables en tomar medidas eficaces para frenar la debacle político-social-estatal y de supervivencia de Haití. Como mencioné al principio, todos hablan de «ayudar» a Haití, pero del dicho al hecho es largo el trecho, y son pocos los que convierten palabras de preocupación en hechos tangibles.

Mujeres Dominicanas abordan Josué GASTELBONDO jefe de la oficina de la Organización Mundial de Inmigraciones (OIM) que traza al gobierno dominicano y obliga a acoger a los haitianos como refugiados como refugiados.


Al final las denuncias se convierten en indiferencia y el problema haitiano continúa agravándose cada vez que reloj mueve sus agujas. Un ejemplo preocupante: en la actualidad, muchos dominicanos mueren en los hospitales por falta de atención y medicamentos en momentos cuando gran parte del presupuesto del Ministerio de Salud Pública se utiliza para atender a los ciudadanos haitianos que llegan al lado dominicano.

Hablar de Haití, sin embargo, es un fenómeno complejo. El tema hay que «agarrarlo con pinzas» porque cualquier cosa que se diga o escriba sobre Haití, es considerado xenófobo o antipatriota. Pero la verdad está ahí y, si no se adoptan medidas drásticas la crisis haitiana en República Dominicana estallará peor que la planta nuclear de Chernóbil en la antigua Unión Soviética.
En el editorial que publicó «The Miami Herald» el año pasado decía: «La posición correcta de los dominicanos tiene que ser muy elemental y racional: Unirse todos los dominicanos en defensa de su país, territorio y cultura e impedir el trasvase poblacional hacia la República Dominicana».
El diario floridano recomendó en su escrito: «activar la devolución de quienes no pueden estar en su territorio, porque no hay trabajo para todos, porque la soberanía de un país es la esencia de un Estado, salvo que sus mismos ciudadanos estimen que este debe diluirse y convertirse en tierra de nadie».
Pero quizás las palabras más sabias sobre la amenaza que representa Haití para República Dominicana las escribió a finales del Siglo XIX el prócer de la independencia de Cuba, José Martí.
Martí estuvo en Haití en por lo menos tres ocasiones, en septiembre de 1892, en junio de 1893 y en febrero de 1895. Según algunos, luego de sus visitas, escribió lo siguiente: «Con Haití no hay posibilidad de entendimiento; todas las verdades de las ciencias políticas y económicas se estrellan contra esa realidad brutal. Es una cultura de miseria, depredación y pobreza que se los tragará irremediablemente a menos que opongan una seria resistencia. Cierren la frontera o restrínjanla al máximo. Que se invierta todo lo que se quiera, internamente, en Haití, pero no liguen los pueblos porque nada bueno saldrá. Haití no es una nación, es una masa de gente, y con intenciones muy siniestras hacia los dominicanos».
La pregunta ahora es: ¿Qué vamos a hacer los dominicanos, como pueblo y como gobierno, para frenar la entrada ilegal de haitianos?… Las recomendaciones están ahí: Cerrar la frontera y endurecer la política migratoria, aunque nos culpen de xenófobos. Recordemos que Haití va rumbo al infierno, y como hijos de Quisqueya, no podemos permitir que arrastre también a República Dominicana. Yo soy Fernando Almánzar y así veo las cosas…

https://www.diariolibre.com/actualidad/salud/2022/02/25/impacto-de-parturientas-haitianas-en-rd/1680846

https://youtube.com/shorts/yZASDE_GCBk

Fernando Almázar: Miami, Florida, United States · Newsdesk Journalist · CNN en Español