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El accidente de Red Air y sus consecuencias

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República Dominicana renovó su estatus de Categoría 1 en julio del año pasado, pero hubo un periodo de 14 largos años, entre 1993 y 2007, cuando los aviones con matrícula dominicana no podían ni siquiera acercarse al cielo estadounidense

Por: Fernando Almánzar

Pasarán varios meses antes de que sepamos con exactitud qué fue lo que produjo el accidente aéreo de RED Air del pasado 21 de junio, cuando uno de sus aviones se incendió segundos después de aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Miami con 130 pasajeros y 10 tripulantes a bordo.

El incidente, en el cual afortunadamente no hubo vidas que lamentar, apenas dejó tres heridos con lesiones menores y está actualmente siendo investigado por la Junta Nacional para la Seguridad en el Transporte (NTSB) de Estados Unidos, el Instituto Dominicano de Aeronáutica Civil y la Comisión Investigadora de Accidentes de Aviación de República Dominicana.

De manera preliminar, se piensa que el accidente fue causado por una «falla catastrófica» del tren de aterrizaje, el cual aparentemente colapsó cuando tocó tierra el avión McDonnell Douglas MD-82, que fue fabricado en 1990 y tenía más de 31 años de servicio de vuelo. 

Imágenes captadas por cámaras de vigilancia muestran cómo las ruedas del lado izquierdo parecen cerrarse según aterriza, haciendo que, empujado por la inercia de las 150 millas por hora que llevaba en su descenso, el avión continuara arrastrándose por la pista hasta alcanzar el área verde en donde finalmente se detuvo.

Durante el proceso, el ala izquierda se deslizó por tierra, haciendo que la fricción generara el voraz incendio que, en cuestión de minutos consumió partes del fuselaje y sembró el pánico entre los viajeros provenientes de Santo Domingo a bordo de la línea dominicana de bajo costo.

El forzoso aterrizaje del avión de RED Air también derribó una torre de telecomunicaciones y destruyó un pequeño edificio, según el Departamento de Aviación de Miami-Dade, la entidad del gobierno local que administra el Aeropuerto Internacional de Miami.

Un mecánico de RED Air entrevistado por el periódico «The Miami Herald», señaló por su parte al piloto como el supuesto responsable del accidente aéreo, y descartó rotundamente que se produjo por una «falla catastrófica» del tren de aterrizaje, porque según él, este sistema cumplía con todos los requisitos de mantenimiento. De nuevo, vamos a tener que esperar meses para saber qué falló.

Ahora bien, el hecho de que «no hubo muertos» fue calificado por algunos como un «milagro». De forma paralela, llovieron los aplausos y felicitaciones para la tripulación de vuelo que facilitó la rápida evacuación del avión en llamas.

Tras el accidente, RED Air publicó un comunicado enfatizando que «los 130 pasajeros y 10 tripulantes fueron evacuados y atendidos según los protocolos establecidos», y que durante la emergencia se cumplieron «los debidos procesos aplicables en estos casos».

Esta versión, sin embargo, contradice lo que alega el primer grupo de cuatro pasajeros que la semana pasada presentó una demanda contra RED Air en un tribunal de Miami, y que describen una situación de caos total durante la emergencia.

Según la demanda, la tripulación de vuelo de RED Air «falló en tomar medidas para evacuar a los pasajeros de manera oportuna y segura, y se desató el caos cuando los pasajeros aterrorizados corrieron para escapar a través de una puerta de salida».

Lo importante aquí es que, quizás gracias a las 20 unidades del Departamento de Bomberos y Rescate de Miami-Dade que de inmediato sofocaron el incendio, el avión nunca estalló y la gente se salvó… Incluso, en medio de la emergencia hubo tanto tiempo, que algunos pasajeros pudieron filmar su estrepitoso escape con sus teléfonos celulares y hasta buscar su equipaje de mano para llevárselo consigo mientras huían de un avión envuelto en llamas. Esto, por supuesto, viola por completo todas recomendaciones de qué hacer en caso de una emergencia, que escuchamos cada vez que despegamos en un avión.

Lo que sí está claro es que, en momentos cuando República Dominicana lucha por solidificar su industria turística tras la pandemia del COVID-19 y, sobre todo, incrementar el número de vuelos y aerolíneas que viajan a la nación caribeña, el reciente accidente aéreo de RED Air abre una enorme interrogante en cuanto a su seguridad aérea se refiere.

Recordemos que este es el segundo accidente aéreo de un avión con matrícula dominicana en seis meses. En diciembre de 2021, el reguetonero puertorriqueño José Ángel Hernández, conocido como «Flow La Movie», murió junto a su familia en un avión privado Gulfstream IV que se estrelló en la pista del Aeropuerto Internacional de las Américas.

En ese accidente, que cobró la vida de nueve personas, el avión propiedad de la compañía dominicana Helidosa se precipitó a tierra 16 minutos después de despegar. El hecho destapó fallas en el mantenimiento de la aeronave y acusó a Helidosa de abusar de sus pilotos, por presuntamente forzarlos a trabajar más horas de las permitidas por las regulaciones internacionales de vuelo.

Ante esta situación, es muy importante que el gobierno del presidente Luis Abinader y las autoridades dominicanas de aeronáutica civil se pongan las pilas para asegurarse que las aerolíneas del país cumplan a cabalidad con las normas de mantenimiento y que los pilotos dominicanos tengan el entrenamiento adecuado para evitar posibles accidentes en el futuro.

Si no lo hacen, entonces República Dominicana estaría jugando con fuego. Para que los aviones con matrícula dominicana puedan volar a Estados Unidos, estos deben satisfacer lo que se conoce como la Categoría 1 de la Administración Federal de Aviación (FAA).

Esta es una certificación de estándares de seguridad que le exige el gobierno de Estados Unidos a todos los países extranjeros que quieran que sus aviones vuelen sobre su espacio aéreo.

República Dominicana renovó su estatus de Categoría 1 en julio del año pasado, pero hubo un periodo de 14 largos años, entre 1993 y 2007, cuando los aviones con matrícula dominicana no podían ni siquiera acercarse al cielo estadounidense. 

Durante ese período, la FAA colocó al país en Categoría 2 porque entendía que las autoridades nacionales no estaban haciendo lo suficiente por certificar la seguridad y el mantenimiento de sus aviones. La Categoría 1 de la FAA exige también que los pilotos y mecánicos del país estén capacitados, con los más recientes cursos de entrenamiento para que puedan realizar su trabajo.

En un país como República Dominicana, que queda en una isla y donde más del 95% de los pasajeros llegan por avión, perder la Categoría 1 sería un golpe devastador para la economía y el turismo. Insisto, ¡pónganse las pilas! Porque otro accidente aéreo nos pondría en graves problemas y ni el tobogán inflable nos salvaría la vida… Yo soy Fernando Almánzar y así veo las cosas.

El periodista Fernando Almánzar es ganador de tres Premios Emmy a la excelencia en la producción de televisión, y actualmente trabaja en Miami como productor y editor de asignaciones de CNN en Español.