Periódico Digital de República Dominicana

‘Clay, vos no sos Ali, sos Clay’, yo ‘Blanco y argentino’

Oscar Bonavena se burla de Muhammad Ali durante la revisión médica previa al combate en Nueva York.
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Lo llamó gallina por no haber ido a Vietnam, se burló por ser negro, se negó a llamarlo Alí y lo taladró con su voz de pito ‘Clay

Muhammad Ali vs Ringo Bonavena el 7 de diciembre de 1970

No debió haber colegas tan distintos como Muhammad Ali y Oscar Natalio Bonavena. Uno era apasionado defensor de los derechos de los afroamericanos, el otro un porteño fanfarrón que lo provocaba con un ‘yo soy blanco y argentino’. Ambos abandonaron este mundo con 40 años de diferencia y de manera muy distinta, uno asesinado a los 33 años por un problema con la mafia y el otro a los 76 luego de una larga lucha contra el mal de Parkinson. Pero juntos, juntos nos regalaron una épica noche de 1970 que nos hace pensar que aún siguen vivos. Para la fanfarrona y triunfalista sociedad argentina, esta es una de las pocas derrotas recordadas con orgullo. Alí venía de 3 años de suspensión por haberse negado a ir a Vietnam. Había ganado una pelea en su regreso y ya estaba pactada una nueva pelea por el título con Joe Frazier. Bonavena venía de perder injustamente con el propio Frazier pero una serie de victorias locales por knock out lo posicionaron nuevamente como candidato. Cuando se pactó la pelea entre Alí y el argentino, el manager de Frazier estaba furioso. Declaró ‘Es un riesgo innecesario, que Alí se olvide de Bonavena, lo va a arruinar todo’. El pesaje fue uno de los momentos más recordados de la historia del boxeo. Alí era famoso por sus provocaciones, lo llamó ‘tired footed cow’ (vaca de pies cansados). Bonavena no solo entró en el juego de Alí, sino que le pasó el trapo, aunque pasándose de la raya. Con el objetivo de sacarlo de eje cometió algunos abusos, aunque muy festejados. Lo llamó gallina por no haber ido a Vietnam, se burló por ser negro, se negó a llamarlo Alí y lo taladró con su voz de pito ‘Clay, vos no sos Ali, sos Clay’. El corolario fue un amague de trompada que hizo retroceder a Alí. El norteamericano enfurecido dijo ‘jamás he deseado tanto golpear a un hombre, voy a tirarlo en el noveno round’. No fue una pelea, fue una batalla, Alí infinitamente superior física y técnicamente no podía contener los embates de Bonavena. El argentino lo avasallaba con más voluntad que estilo, al llegar el noveno round, no fue Bonavena quién cayó, fue Alí. El árbitro lo catalogó como resbalón y no hubo cuenta. Sin resto físico, Bonavena sufrió un vendaval de un Alí impecable. Al llegar el último Round (15), el entrenador de Bonavena le pidió que aguante y jugársela a una definición por puntos. Remota posibilidad de victoria, pero la única. El argentino fiel a su estilo, hizo lo que le dio la gana, salió a buscar la victoria y encontró la derrota por knock out técnico. En el vestuario Bonavena le pidió perdón al campeón, Alí sonrió y se abrazaron. Gracias a ambos, por regalarle una noche tan emocionante a mi padre, fanático de ambos.

Ringo Bonavena, el hombre que le faltó el respeto a Ali llamándole «cul…»

Carismático, alegre, fanfarrón y muy amado por Argentina fue el peso completo que desafió al más grande.

Óscar Bonavena, fue el hombre que se habló de tú con el más grande de todos los tiempos, Muhammad Ali, cuando se habla de fanfarronería. Hay quienes dicen que Bonavena incluso copió el estilo de Ali para provocar a sus rivales, desconcentrarse y ganarles en el ring, en realidad los dos eran fuera de serie dentro y fuera de los encordados.

Bonavena, argentino y fanático de Huracán, se enfrentó a Ali el 7 de diciembre de 1970, luego de que el estadounidense venía de una sanción de tres años por negarse a ir a Vietnam. Fue probablemente el único que se atrevió a llamarle a Ali “gallina”, “cobarde” y además lo fintaba en conferencias de prensa. Le decían Ringo, debido en que en alguna ocasión una fanática lo confundió con el integrante de los Beatles, desde ahí le gustó el apodo y e mundo lo conoció como ‘Ringo’ Bonavena.

Fue repartidor de comidas, carnicero, moledor de rocas en trenes y ello le desarrolló su impresionante físico que primero le hizo intentar, como todo argentino, en el futbol y después se dio cuenta que el camino era el boxeo. De amateur mostró su fuerza, pero también su locura, al grado que mordió un pezón a un rival. Se midió antes de Ali con Joe Frazier, incluso lo hizo en dos ocasiones.

Ringo tuvo la oportunidad de medirse a Ali, aparentemente había mucha confianza en que finalmente un hombre de piel blanca le quitaría lo bocón al rey de los bocones, olvidaban que ese rey también era el rey del boxeo.

La pelea fue entretenida, Ringo no solo le faltó el respeto fuera, también lo hizo dentro al tirarlo en el noveno asalto con un gancho izquierdo que puso al rey arrodillado ny que solo despertó la gran bestia que llevaba dentro.

Bonavena, nunca se sintió bien con los temas racistas y tras ser derrotado por Ali, le dijo: “Te dije gallina porque tenía nervios y eso es todo, de luchador a luchador, eres un gran campeón y yo soy argentino, lo siento. Disculpame por haberte llamado gallina”.

Ringo se ganó el corazón de propios y extraños, lamentablemente no pudo nunca levantar el campeonato del mundo. Su carisma fue tan grande que incluso grabó un disco y fue un éxito.

La muerte lo sorprendería a los 33 años, cuando una bala de un mafioso terminó con su vida y lo convirtió en una leyenda del boxeo mundial. Más de 150 mil personas acudieron a su funeral. Se le conoció como “El campeón sin corona”.

Muhammad Ali vs Ringo Bonavena, a 50 años: una pelea con un final de película que empezó mucho antes de que se calzaran los guantes

El 7 de diciembre de 1970, el boxeador de Parque Patricios cumplió su gran objetivo de pelear contra el pesado más grande de la historia luego de esperar más de tres años. Los detalles de un combate épico que duró mucho más que 15 rounds.

Un combate histórico

Todavía faltaban diez meses para que la Corte Suprema fallara en el célebre caso Clay v. United States y revocara la condena a cinco años de prisión contra el púgil de Louisville. Sin embargo, en agosto de 1970 Ali obtuvo una licencia para combatir en Georgia con la ayuda del senador estatal Leroy Johnson, el primer hombre negro en sentarse en la legislatura de ese estado en 92 años.

Así, el 26 de octubre pudo subir nuevamente a un cuadrilátero: venció por nocaut técnico a Jerry Quarry, por entonces tercero en el ranking de la AMB, en el Auditorium de Atlanta ante 5000 espectadores, entre ellos la cantante Diana Ross y el comediante Bill Cosby, además de numerosos activistas por los derechos civiles. “Estuvo tan cerca de ser el Ali de hace tres años y medio que dio miedo”, afirmó su entrenador, Angelo Dundee, tras el combate. Sus virtudes parecían casi intactas, aunque su velocidad ya no era la misma.

El objetivo deportivo del monarca despojado era claro: recuperar cuanto antes los títulos que le habían quitado y que ahora pertenecían a Frazier. Sin embargo, unos días después de la victoria ante Quarry, llegó la confirmación de algo que Clarín había publicado en su portada como primicia nueve días antes: el duelo con Bonavena.El anuncio de la pelea entre Oscar Bonavena y Muhammad Ali, en la portada de Clarín el 17 de octubre de 1970. 

¿Por qué había sucedido eso? Porque el periodista David Sbarsky, quien había viajado a San Juan de Puerto Rico para un combate que Ringo tenía programado con Eddie Roosevelt y que terminó cancelándose, acompañó al boxeador y a uno de sus entrenadores, Bautista Rago, a Miami a firmar el contrato para la pelea con Ali. “Habían pasado seis días y ninguna agencia decía nada sobre el tema. En el diario se reían y decían: ‘El loco (Bonavena) lo cagó al petiso’”, contó el enviado en Díganme Ringo, la biografía escrita por Ezequiel Fernández Moores. Tras la pelea de Ali con Quarry llegó la confirmación oficial y el alivio de Sbarsky.

Como era previsible, la previa del duelo entre dos bocones fue una batalla verbal con munición de guerra, en la que Bonavena descolló por sus desatinos. Unos días antes de partir, convocó a la prensa a la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, donde se presentó para consultar qué pena le correspondería en caso de que matara a su adversario sobre el cuadrilátero.

Ringo Bonavena con su mamá Doña Dominga, de quien su nieto Ringuito recuerda sus memorables ravioladas con la familia unida, con más de treinta integrantes.

Titi, como lo llamaba Dominga, su madre, llegó a Nueva York el 27 de noviembre, 11 días antes de la pelea, en el vuelo 707 de Pan Am. La partida desde Ezeiza se había demorado por una amenaza de bomba. Tras una exhaustiva revisión de la nave, se comprobó que no había explosivo alguno. Luego se sabría que había sido Bonavena quien había hecho la llamada anónima para así aumentar la presencia de la prensa al momento de su llegada a la Gran Manzana. “La bomba la puso Clay para que yo no pudiera llegar y ganarle por paliza”, dijo en el aeropuerto John F. Kennedy.Oscar Bonavena se burla de Muhammad Ali durante la revisión médica previa al combate en Nueva York. 

Eso fue solo el comienzo. Las provocaciones de Bonavena fueron adquiriendo una deriva bastante desagradable. “Llegó a decir que le daba un poco de impresión pelear con Ali porque los negros tenían mal olor. Le dije: ‘Loco, ojo porque acá son todos negros’”, contó el doctor Roberto Paladino, que lo acompañó durante la concentración en un resort ubicado en las montañas Catskill en Liberty, una pequeña ciudad ubicada 135 kilómetros al norte de Nueva York.

En esa sintonía racista, seis días antes de la pelea, en una exposición ante la prensa durante una revisión médica obligatoria, Ringo se cubrió la nariz cuando Ali se quitó la bata para que le tomaran la presión. Luego, con su inglés tarzanesco, soltó un rosario de provocaciones. “¿Por qué no fuiste al Ejército. Sos un gallina. Pio pio pio. Gallina, maricón, canguro negro”, le espetó. Y lo llamó “Clay”, algo que molestaba sobremanera a su rival.

“En el noveno round te voy a despedazar”, le respondió Ali, quien lo describió como “una vaca de pies cansados”. “Si vos me tirás en el nueve, yo te hago polvo en el siete, que es un número que me gusta mucho. ¿Sabés qué significa el siete en mi país? Siete significa ‘culito’”, explicó, didáctico, el argentino.

Parte de esa metralla verbal pareció molestar realmente al ex campeón mundial. “Jamás haré las paces con Bonavena. No tiene derecho a humillarme por el color de mi piel y no puede burlarse de mí porque tomé una posición y no ingresé al Ejército”, aseguró dos días después de aquel grotesco cruce, durante una reunión con periodistas argentinos en el hotel Loews Midtown de Manhattan.

Ringo no era el único que en esos días tenía algo que decir sobre la decisión de su rival de no aceptar el enrolamiento. Grupos de veteranos de Vietnam convocaban a boicotear la pelea y hasta la velada corrió riesgo porque hubo amenazas de bomba, que esta vez no eran obra del crédito de Parque de los Patricios. Los exsoldados consideraban una provocación extra que Ali combatiera un 7 de diciembre, día del aniversario del ataque de la Armada japonesa contra la base de Pearl Harbour en 1941.

Ese lunes 7 de diciembre a la mañana, unas horas antes de la pelea, el ex campeón mundial recibió en la habitación del hotel en que se alojaba, en la esquina de la avenida 8ª y la calle 49, a Judge Edward Aaron, un trabajador negro que 13 años antes había sido secuestrado, torturado, mutilado y castrado por seis miembros del Ku Klux Klan en Birmingham (Alabama), cuya historia sería reconstruida luego en la película Mississippi en llamas.Oscar Bonavena junto a Bautista Rago, uno de sus entrenadores. 

A la noche, alrededor de las 21, Ali, Angelo Dundee y Drew Bundini Brown, su omnipresente asistente, salieron del hotel rumbo al Madison Square Garden. Hicieron una cuadra a bordo de una limusina, pero luego descendieron del vehículo y fueron rodeados por decenas de fanáticos. “Quiero ir con mi gente al Garden, pero como no cabemos todos en la limusina, iremos en el metro”, vociferó el boxeador.

Y allí fueron: abordaron una formación de la línea A Eighth Avenue Express, con la que viajaron dos estaciones hasta 34th Street–Penn Station, a metros del estadio, al que no solo ingresaron Ali y sus asistentes, sino también el grupo de casi 100 personas que lo había acompañado en el viaje en metro. Ellos no pagaron entradas, pero sí lo hicieron otros 19.417 espectadores, que dejaron una recaudación en las ventanillas de 615.491 dólares (los boletos costaban entre 10 y 75 dólares).

La expectativa no solo era enorme en Nueva York. Esa noche, la transmisión de Canal 13, a cargo de Ricardo Arias desde el estadio, registró un rating de 79,3 puntos, una marca récord que en Argentina solo fue superada por los 81 puntos que Canal 7 alcanzó el 3 de junio de 1990, durante la semifinal del Mundial de fútbol que el seleccionado dirigido por Carlos Bilardo le ganó por penales a Italia. El combate también fue emitido por Radio Rivadavia, con el relato de Osvaldo Caffarelli.

El primero en trepar al cuadrilátero fue Bonavena, vestido con una bata celeste y blanca, adornada con un sol dorado, y un pantalón de terciopelo azul marino. Un grupo de 200 argentinos, ubicados en la parte alta del Garden, se hizo oír. Cuando Ali, con su bata y su pantalón rojos, caminó hacia el ring, la ovación fue sonora y miles de puños se alzaron en las tribunas.Oscar Bonavena intenta conectar a Muhammad Ali con un derechazo. 

En la primera mitad de la pelea (en la que se puso en juego el título pesado vacante de la Federación Norteamericana de Boxeo), el ex campeón mundial, que jamás había sido derrotado en sus 30 presentaciones profesionales, justificó su amplio favoritismo: manejó los primeros ocho asaltos con su movilidad, su jab indescifrable y la precisión de sus combinaciones, a las que Bonavena respondía con golpes abiertos y ampulosos que su rival anulaba con movimientos de cintura y con desplazamientos eficientes.

Pero en el noveno, el asalto en el que Ali había prometido noquear, Bonavena llegó varias veces con potentes zurdazos y conmovió a su rival. La leyenda que se edificó con los años dice que el estadounidense fue derribado en ese asalto, pero la única verdad es la realidad: estuvo en la lona, pero luego de lanzar un golpe que no llegó a destino y caer como consecuencia del impulso. De todos modos, esos fueron los mejores tres minutos del argentino.

A partir del 10°, Ali recuperó el control de la contienda, mostrando su buena condición atlética (una de las dudas que lo rodeaban después de su larga inactividad) y llegó al 15° round con claras ventajas en las tarjetas: el árbitro Mark Conn había visto ganar 12 asaltos al estadounidense y 2 al argentino, mientras que los jueces Joe Eppy (10-3 y 1 empatado) y Jack Bloon (8-5 y 1 empatado) también tenían adelante al local.

A sabiendas de que no tenía posibilidades de ganar por puntos, Bonavena salió a jugársela en ese último capítulo. Ali aprovechó la desesperación de su adversario y lo envió al suelo con un gancho de izquierda a la mandíbula. El árbitro Conn no lo hizo caminar hacia una esquina neutral, como el reglamento indica, y el estadounidense volvió inmediatamente a la carga apenas el púgil de Parque de los Patricios recuperó la vertical. Otros dos derribos casi inmediatos determinaron el nocaut. Fue el único que Ringo sufrió en su carrera.

Una vez que terminó el cruce de golpes, también finalizó la hostilidad verbal. Mientras Ali era entrevistado sobre el cuadrilátero, Bonavena interrumpió la conversación y encaró a su adversario. “Perdón por haberte dicho ‘gallina’, fue solo para ponerte nervioso. No sos gallina. Sos el campeón”, intentó disculparse, con su rudimentario inglés. La respuesta fue gratificante: “Debo decir que él es mi rival más difícil hoy en día”.

“No fue mi mejor actuación, tal vez fue la peor. Quizás lo tomé demasiado a la ligera. Cometí muchos errores y eso me costó porque Oscar es incómodo y astuto, un golpeador furtivo. Pero gané. Noqueé a Oscar y eso es algo que el malvado Joe Frazier no pudo hacer en 25 rounds”, detalló el vencedor, quien tres meses después cedería su invicto al caer ante ese malvado Frazier en su primer intento por reconquistar los títulos mundiales.

Meses más tarde, cuando los 300.000 dólares que recibió por aquella pelea descansaban en su cuenta bancaria y ya no era necesario recurrir a la hostilidad como forma de promoción, Bonavena también destinó palabras elogiosas a su rival: “Ahora que pasaron los 15 rounds más inolvidables de mi vida, pienso que Cassius Clay es un personaje sensacional y un boxeador imbatible. Pero hay que pelear con él para convencerse y eso solo lo pudimos hacer un puñadito de tipos en el mundo”.