Periódico Digital de República Dominicana

Discurso de Recepción del nuevo académico Miguel Reyes Sánchez pronunciado por Frank Moya Pons

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En los últimos años, ha venido gestándose en este país y en ciertos círculos académicos de los Estados Unidos una corriente intelectual que promueve una nueva ideología racial que enfatiza la equivocada noción de que el color de la piel es un ingrediente
más definitorio de la nacionalidad que la cultura, la religión, el lenguaje, las tradiciones y la memoria colectiva.

Pocas veces en la larga existencia de esta Academia Dominicana dela Historia un nuevo miembro de número ha entregado un discurso de ingreso tan oportuno como el que acaba de pronunciar el distinguido doctor Miguel Reyes Sánchez, a quien tengo el honor de dar formalbienvenida como miembro de pleno derecho de esta noble institución que recién cumplió su nonagésimo aniversario de fecunda labor intelectual y patriótica.

Frank Moya Pons

Ustedes, queridos amigos, han escuchado la lectura de su extenso currículo. De su impresionante carrera profesional lo que sorprende es que el doctor Reyes Sánchez no hubiera ingresado antes a nuestra institución, lo cual creo que puede explicarse por su bien conocida modestia que retrata a un hombre que prefiere trabajar calladamente en obras que, si bien no sacan aplausos inmediatos, están en cambio llamadas a resistir el embate de los años y sobrevolar muy por encima de las fugaces pirotecnias de las palabras fáciles.

Y es que la obra del doctor Reyes Sánchez, la historiográfica, que es la que lo trae ante nosotros hoy, es el resultado de una laboriosa y concienzuda carrera de investigación dedicada, entre otras cosas a desenterrar raíces y causas para entonces levantar cimientos que sirvan para sostener el edificio del saber histórico dominicano.

Véanse, como ejemplo, unos pocos de los más de veinte títulos publicados por nuestro apreciado colega: Historia de las relaciones dominicano-haitianas (2010), Océanos de tinta y papel: Historia de la navegación y del desarrollo marítimo de la República Dominicana (2011), La guerra dominico-haitiana: Las cinco campañas de separación 1844-1865 (2011), y La diplomacia insular: República Dominicana y Haití (1844-2012), obra en cuatro tomos publicada conjuntamente con Alberto Despradel en el año 2015.

Menciono estos pocos obras nada más para que veamos que el discurso que hemos escuchado hoy no es el resultado de la improvisación, sino de años de larga reflexión por parte del doctor Reyes Sánchez acerca de los orígenes y el destino de la nación dominicana, una nación madura, con un Estado moderno y una democracia funcional cuyos fundamentos están siendo cuestionados hoy de manera preocupante por algunos intelectuales criollos y extranjeros que han asumido un sospechoso activismo pro haitiano y prefieren elogiar más al dictador Jean Pierre Boyer que al pionero de la

independencia nacional José Núñez de Cáceres, o justificar las matanzas de Jean Jacques Dessalines antes que reconocer el heroísmo del triunfador de Palo Hincado, Juan Sánchez Ramírez.

Ustedes han escuchado la magistral presentación que nos ha leído el doctor Reyes Sánchez en la cual no ha dejado de analizar ninguna de las evidencias disponibles en torno a la sangrienta invasión de Jean Jacques Dessalines, en 1805, quien dejó asolada la región del Cibao tras haber quemado los poblados de Cotuí, La Vega, Moca y Santiago y asesinado a muchos de sus pobladores en ejecución de su amenaza de castigar a los dominicanos que no quisieron unirse a su llamado “ejército indígena” que marchó sobre la parte del Este de la isla con la intención de expulsar a los gobernantes franceses.

Al recibir el examen historiográfico que el doctor Reyes Sánchez hace hoy en este su discurso de ingreso va quedando en claro que, en los últimos años, ha venido gestándose en este país y en ciertos. círculos académicos de los Estados Unidos una corriente intelectual que promueve una nueva ideología racial que enfatiza la equivocada noción de que el color de la piel es un ingrediente más definitorio de la nacionalidad que la cultura, la religión, el lenguaje, las tradiciones y la memoria colectiva. Esa ideología, importada de Norteamérica, ha sido asimilada por algunos intelectuales dominicanos en cuyos escritos niegan o justifican los crímenes de guerra de Dessalines de la misma manera que justifican o silencian el carácter dictatorial del régimen de Jean Pierre Boyer. Sorprende observar a estos intelectuales criollos construyendo retruécanos interpretativos para negar que la dominación haitiana fuese lo que realmente fue: una dictadura política y militar, descrita con plenitud de detalles por los dominicanos de carne y hueso que, por padecerla durante 22 años, y para escapar de aquella tiranía, firmaron el Manifiesto del 16 de enero de 1844 en el que explicaron las razones que los movían a separarse de Haití para dedicarse a construir un Estado independiente y soberano.

El doctor Reyes Sánchez no lo dice, pero de sus palabras se desprende que estamos frente a un movimiento intelectual e historiográfico desnacionalizador sustentado en argumentos derivados de una supuesta igualdad racial con el pueblo haitiano.

Con esos argumentos intentan hacerles creer a los dominicanos que su color es más importante o decisivo para definir su identidad nacional que las evidentes diferencias culturales, sociales, religiosas, económicas y ecológicas que distinguen prima facie a haitianos de dominicanos.

Esas diferencias entre ambos pueblos las conocían y las advirtieron en sus momentos respectivos, en 1822, José Núñez de Cáceres; en 1825 el general Louis Joseph Bonnet, segundo en comando del ejército de Boyer y, en 1838 y años siguientes, como es bien conocido, el fundador de la República Dominicana Juan Pablo Duarte.

Respetando esas evidencias, el doctor Reyes Sánchez nos ha presentado hoy una extensa documentación que muestra la falsedad de las narrativas prohaitianas que circulan hoy entre académicos, y en las redes sociales y medios de comunicación. Por ello, cualquier persona imparcial y racional que lea su bien ponderado discurso habrá de sentirse satisfecha sabiendo que tenemos dominicanos ilustrados y valientes, como él, que no temen combatir las tergiversaciones acerca del origen de la nación dominicana que se difunden actualmente.

Dicho lo anterior, permítanme reiterar que esta Academia Dominicana de la Historia siente un alto regocijo al recibir en su seno a un intelectual trabajador y honrado que, de seguro, habrá. de constituirse en uno de nuestros más activos miembros.

En nombre de nuestra corporación, y en el mío, desde luego, le ofrezco la más cordial bienvenida a usted, doctor Miguel Reyes Sánchez, y lo felicito muy calurosamente por su productiva vida intelectual y su abnegado espíritu de servicio, rogando a Dios, al mismo tiempo, que lo bendiga y lo acompañe siempre y por muchos años.

Muchas gracias

16 de Febrero de 2022