Periódico Digital de República Dominicana

Los haitianos hacen justicia por su cuenta ante la amenaza de las pandillas

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Las pandillas también se han fortalecido en los últimos años al crear alianzas con otros grupos armados, lo que ha generado unas siete grandes coaliciones que hoy se enfrentan por la supremacía armada en todo el país.

Oficiales de policía patrullan un vecindario en medio de la violencia relacionada con pandillas en el centro de Port-au-Prince. RICHARD PIERRIN / AFP

Tras dos años del asesinato del presidente Jovenel Moïse, ¿qué tan inseguro es Haití?
El vacío de poder generado por el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021 ha provocado el brote de violencia más extremo en la historia reciente de Haití. El secretario general de la ONU advirtió recientemente que la inseguridad en Puerto Príncipe había “alcanzado niveles comparables a los de países en conflicto armado”. En 2022, la tasa de homicidios aumentó en más de un 30 por ciento en comparación con el año anterior, con casi 2200 personas asesinadas. El número de mujeres asesinadas aumentó un 75 por ciento, de 93 a 163. 2023 podría resultar aún más letal: en abril, el constante aumento de la violencia de las pandillas acabó con la vida de más de 600 personas. Se documentaron cerca de 400 casos de secuestro en los primeros tres meses del año, un 72 por ciento más que en 2022.
La mayor parte de esta violencia se puede atribuir a las pandillas, que se han fortalecido y ampliado su control territorial. Durante décadas estuvieron limitadas a los barrios marginales de las grandes ciudades, pero ahora controlan el 80 por ciento de la capital de Haití, Puerto Príncipe, hogar de unos tres millones de personas, así como las principales rutas de acceso a la ciudad. Alrededor de los puertos más grandes de la ciudad, las pandillas con frecuencia secuestran camiones de carga, y han bloqueado la principal terminal petrolera del país en dos ocasiones, lo que ha provocado una escasez de combustible con efectos devastadores para un país con una red eléctrica sumamente inestable. Las pandillas dominan tramos clave de carreteras, lo que ha interrumpido las cadenas de suministro y aumentado los costos de transporte de productos; esto a su vez ha generado un disparo en los precios de los alimentos para una población ya empobrecida, causando escasez de artículos de primera necesidad. Alrededor de la mitad de los habitantes de Haití padecen inseguridad alimentaria. La mayoría de los 165 000 desplazados internos del país han huido de sus hogares a causa de la violencia de las pandillas. Las pandillas también han expandido su presencia más allá de Puerto Príncipe, principalmente en el Valle de Artibonite, una zona agrícola vital para el suministro de alimentos del país que se encuentra justo al norte de la capital.
La violencia suele llegar a su máximo nivel en los frentes de batalla que separan los territorios de pandillas rivales. En Cité Soleil, una empobrecida comuna ubicada al norte de la capital, francotiradores de la coalición de pandillas conocida como la Familia G9 con frecuencia disparan indiscriminadamentecontra los civiles que viven en el barrio Brooklyn, controlado por una alianza rival, el Gpèp. El G9 también ha cerrado periódicamente la única carretera que conecta a este barrio con el resto de la ciudad, impidiendo que las personas se desplacen a sus trabajos y escuelas, dificultando la recolección de los residuos que llegan a la zona desde la capital e interrumpiendo el suministro de alimentos y agua potable. Esta letal combinación de acumulación de basura y falta de agua potable contribuyó al resurgimiento del cólera en la segunda mitad del año pasado.


¿A qué se debe el creciente poder de las pandillas?


Varios factores han permitido que las pandillas mantengan a Haití bajo su yugo. Históricamente, estos grupos han mantenido estrechos vínculos con políticos y empresarios poderosos, quienes les ofrecen financiamiento, armas y protección legal. Pero a medida que se han vuelto más hábiles en actividades como la extorsión y el secuestro, las pandillas también han adquirido más independencia, y dedican menos tiempo y energía a servir a los intereses de sus antiguos patrocinadores. Con una mayor autonomía, las pandillas han intentado expandir su riqueza y poder a través de demostraciones de violencia cada vez más brutales para afianzar su control sobre las comunidades de las que extraen recursos. Las instituciones estatales son prácticamente incapaces de detener a delincuencia: muchas ya carecían de recursos y de una autoridad significativa en el momento del asesinato de Moïse y desde entonces se han debilitado aún más. En consecuencia, las pandillas han intensificado sus actividades delictivas sin mucha resistencia.
 Los grupos armados han saqueado y quemado casas, mutilado y asesinado personas e incluso quemado cadáveres a plena vista.
Las pandillas también se han fortalecido en los últimos años al crear alianzas con otros grupos armados, lo que ha generado unas siete grandes coaliciones que hoy se enfrentan por la supremacía armada en todo el país. A medida que intentan expandirse, estas coaliciones de pandillas atacan cada vez más a los civiles, castigan a aquellos que son sospechosos de colaborar con grupos rivales e infunden temor entre la población a través de secuestros, extorsiones y peajes ilegales. Los grupos armados han saqueado y quemado casas, mutilado y asesinado personas e incluso quemado cadáveres a plena vista. Las pandillas también utilizan la violencia sexual, incluidas violaciones colectivas sistemáticas, especialmente de mujeres, niñas y personas LGBTQI+, para someter a la población local.


¿Qué es el movimiento de autodefensa Bwa Kale?


Bwa Kale, o “madera pelada”, en creole haitiano, se refiere a los grupos de autodefensa que han proliferado recientemente para contrarrestar a las pandillas de Haití. El nombre proviene de una expresión utilizada por primera vez por manifestantes durante las protestas masivas contra el primer ministro interino Ariel Henry en 2022. Ahora se usa para describir el levantamiento de personas que intentan evitar que las pandillas se apoderen de sus barrios. El repunte del vigilantismo se remonta al 24 de abril de 2023, cuando se difundieron rumores de un inminente ataque a gran escala por parte de pandilleros en Puerto Príncipe. A medida que crecía el pánico, la policía interceptó un minibús en Canapé-Vert, un barrio al sur de la capital, en el que varios individuos transportaban armas, presuntamente para las pandillas. Rumores sobre la noticia se regaron rápidamente y una multitud rodeó a los presuntos pandilleros, arrojando piedras y prendiéndoles fuego mientras varios seguían con vida, asesinando a trece de ellos.
Las imágenes de la agresión se hicieron virales en redes sociales y parecen haber inspirado actos de violencia similares: en los días siguientes se registraron múltiples linchamientos en distintas partes de la capital. Motivados por estos eventos en la capital, así como por la noticia de la muerte del poderoso líder de pandilla Ti Makak ese mismo día, un número cada vez mayor de personas establecieron y se unieron a grupos de vigilancia para defenderse de los ataques de las pandillas en sus barrios. Tan solo en abril, organizaciones internacionales registraron 164 casos de asesinatos por turbas y linchamientos de presuntos pandilleros.
 Aunque el movimiento Bwa Kale ha captado la atención internacional en los últimos meses, el vigilantismo tiene un largo historial en Haití.
Aunque el movimiento Bwa Kale ha captado la atención internacional en los últimos meses, el vigilantismo tiene un largo historial en Haití. Los grupos conocidos como “brigadas de vigilancia” existen desde hace décadas; tienden a activarse durante períodos de inestabilidad política o después de desastres naturales en respuesta a la incapacidad percibida de las fuerzas de seguridad del Estado para proteger a los civiles. Un informe de la ONU documentó casi 500 linchamientos entre 2012 y 2015, un período en el que el país enfrentaba las secuelas del huracán Sandy, así como a un brote de cólera. Incluso antes del reciente pico, hubo 75  linchamientos tan solo en los tres primeros meses de 2023, según la Oficina de Derechos Humanos de la ONU. No todos los políticos y grupos de la sociedad civil pidieron a los ciudadanos que se detuvieran. De hecho, en un comunicado de prensa emitido a principios de marzo, la ministra de Justicia resaltó las disposiciones constitucionales que permiten a los ciudadanos defenderse de intrusiones y saqueos violentos; dos semanas después, 18 organizaciones de la sociedad civil haitiana hicieron un llamado a los ciudadanos para que formaran grupos de autodefensa para evitar que las pandillas se apoderaran de más territorio.
Se cree que los grupos de vigilantes están conformados principalmente por jóvenes voluntarios que hasta ahora parecen poco organizados. Fuentes le manifestaron a Crisis Group que, aunque algunos de estos grupos se comunican entre sí, no hay evidencia de una cooperación sistemática entre las brigadas en diferentes vecindarios, ni de una cadena de mando vertical que dirija las operaciones. Sus miembros se encargan de establecer puestos de control en lugares estratégicos a las afueras de ciertas ciudades o distritos donde han levantado barricadas. Verifican los documentos de identidad y registran a las personas que entran y salen para asegurarse de que ninguna persona armada ingrese al área bajo su vigilancia. Estas brigadas imponen toques de queda que los residentes locales acuerdan informalmente y también realizan patrullajes en grupos de más de una docena personas. Sus miembros no reciben una remuneración formal, pero la comunidad a menudo les proporciona alimentos, machetes y cigarrillos.
Ha habido cierta colaboración informal entre las brigadas de vigilancia y las fuerzas de seguridad del Estado. Representantes de la policía celebran lo que llaman un “matrimonio” entre el pueblo y la fuerza para combatir a las pandillas. Fuentes contactadas por Crisis Group afirman que policías activos o retirados que viven en los barrios defendidos por las brigadas de vigilancia se han unido de manera informal a las rondas de vigilancia y en ocasiones han permitido que los grupos usen sus armas. Sin embargo, la persistente desconfianza hacia la policía ha impedido hasta ahora una colaboración más sistemática entre las brigadas y la fuerza pública.
En otras zonas, los civiles han formado alianzas con grupos armados para defenderse de ciertas pandillas. Por ejemplo, en algunos municipios del valle de Artibonite, los habitantes han apoyado una coalición de pandillas encabezada por un líder conocido como Ti Mépris en su lucha contra otros grupos, como Gran Grif, Kokorat San Ras y otros más pequeños, que intentan ampliar su territorio. Dada la falta de presencia policial en esta área, dicen los funcionarios, a los habitantes no les queda más remedio que aliarse con los grupos liderados por Ti Mépris, que esperan les proteja de los ataques de pandillas rivales
¿Cuáles han sido los efectos del auge de Bwa Kale?
El auge del movimiento Bwa Kale guarda relación con una aparente disminución de la violencia de las pandillas. Aunque las pandillas habían incrementado los secuestros hasta alcanzar un récord en los primeros meses de 2023, un estudiodel Centro de Análisis e Investigación de los Derechos Humanos encontró que los secuestros disminuyeron considerablemente desde el 24 de abril, probablemente como reflejo de la aparición de los grupos de autodefensa. El estudio también muestra que los homicidios y otros delitos relacionados con pandillas también han disminuido drásticamente desde que surgió el movimiento. Varios analistas haitianos entrevistados por Crisis Group dijeron que sin el movimiento Bwa Kale, las pandillas habrían seguido expandiéndose hasta lograr el control de toda la capital y sus alrededores. El riesgo de enfrentarse a una violencia desenfrenada ha hecho que muchas pandillas se hayan replegado a sus bastiones por primera vez en los últimos años.
 Tras varios años en los que la inseguridad ha venido empeorando, no es de extrañar que el movimiento [Bwa Kale] se haya ganado el apoyo de tantos haitianos.
Tras varios años en los que la inseguridad ha venido empeorando, no es de extrañar que el movimiento se haya ganado el apoyo de tantos haitianos, quienes han aplaudido una campaña liderada por ciudadanos que de otro modo están abandonados a su suerte por el Estado. Grupos políticos como el Acuerdo de Montana (una amplia coalición de grupos políticos y de la sociedad civil que apoyan lo que llaman una “solución  haitiana a la crisis”), han alentado al movimiento de vigilantes y enfatizado que el derecho a la legítima defensa es sagrado, aunque advierten que estos grupos deben evitar desbocarse. Por otra parte, algunos funcionarios estatales han intentado disuadir a los haitianos de unirse a Bwa Kale, a pesar de que la disminución de la violencia le ha dado un respiro al gobierno. En particular, tras el linchamiento en Canapé-Vert, el primer ministro interino Henry pidió a los civiles que no se tomaran la justicia por su mano, y los instó a trabajar mano a mano con la policía proporcionando información que permita arrestar a los pandilleros.
Algunas figuras públicas también intentan aprovecharse de la popularidad del movimiento para ganar protagonismo. Una de ellas es Marcelin Mertil, activista cercano a Martine Moïse, esposa del presidente asesinado, que ha aparecido en numerosos videos repartiendo grandes cantidades de machetes en algunos de los barrios más pobres de la capital. Incluso el líder de la coalición de pandillas G9, Jimmy “Barbecue” Chérizier, se esfuerza por poner al movimiento a su favor, afirmando que las pandillas que representa apoyan plenamente a Bwa Kale. Chérizier intenta construir una imagen de político al servicio de la gente; ha afirmado que la coalición armada que lidera no está implicada en secuestros, a pesar del amplio historial de crímenes atroces cometidos por sus pandillas.
¿Qué explica el fracaso de las fuerzas de seguridad haitianas para frenar a las pandillas? 
El ascenso del movimiento Bwa Kale se ha producido en el contexto de un fracaso total de las fuerzas de seguridad haitianas para enfrentar la violencia de las pandillas. Este fracaso es, a su vez, el resultado de un colapso más amplio del Estado. No ha habido elecciones desde 2016, y por ende desde enero no hay funcionarios de elección popular sirviendo en Haití. La mayoría de los servicios estatales apenas funcionan, y jueces, médicos, maestros y personal de la compañía eléctrica estatal han realizado largas huelgas para exigir aumentos y el pago oportuno de sus salarios.
Los esfuerzos para ampliar el tamaño y mejorar las capacidades operativas de la Policía Nacional de Haití no han estado a la altura de la magnitud de la criminalidad que enfrenta el país. No hay duda de que las pandillas llevan la delantera. Desde el comienzo del año, tres comisarías han sido saqueadas y quemadas o destruidas completamente por pandilleros, 29 policías han sido brutalmente asesinados y, a menudo, fotos de sus cadáveres son publicadas en redes sociales por los pandilleros. No se han atendido las demandas de los agentes de policía de mejores equipos y más armas de alto calibre, a pesar de los avances que se han reportado en el refuerzo de las unidades especiales de policía.
Un gran número de policías han abandonado sus puestos, mientras que otros han intentado salir del país. La recién nombrada representante especial del secretario general de la ONU para Haití, María Isabel Salvador, afirmó que la fuerza policial  ha quedado reducida a aproximadamente 9000 policías, con solo 3500 en servicio activo en todo el país en un momento determinado. En los últimos tres años sólo se ha reclutado y capacitado a 1300 nuevos agentes. Las altas tasas de deserción han dejado a la fuerza pública muy por debajo de los más de 25 000 agentes de policía que Haití debería tener para cumplir con la proporción de policías por habitantes recomendada por las misiones de la ONU. La falta de eficacia de la policía se ve agravada por la connivencia de sus miembros con las pandillas: expertos han estimado que aproximadamente la mitad de toda la fuerza tiene vínculos con grupos armados ilegales.
¿Bwa Kale es una solución a la violencia en Haití?
No hay buenas opciones para enfrentar la actual crisis de seguridad del país, pero el vigilantismo no es la respuesta. En primer lugar, es muy poco probable que los grupos de vigilancia logren doblegar a las pandillas. Aunque hasta ahora los grupos de autodefensa han tenido cierto éxito en impedir que los grupos armados extiendan su alcance territorial, representantes de la sociedad civil local le dicen a Crisis Group que es poco probable que puedan expulsar a las pandillas de sus bastiones, es decir, las áreas más afectadas por la violencia de éstas. Como le dijo a Crisis Group una persona que vive en un barrio de Puerto Príncipe controlado por una de las pandillas más poderosas: “aquí, la menor señal de reacción contra ellos conduce a la muerte”.
 Además, las pandillas están dando signos de empezar a contraatacar al movimiento Bwa Kale y nuevamente están expandiendo su control territorial. 
Además, las pandillas están dando signos de empezar a contraatacar al movimiento Bwa Kale y nuevamente están expandiendo su control territorial. En menos de una semana, la pandilla Kraze Baryè, según informes, saqueó e incendió las residencias privadas de dos exparlamentarios, así como las instalaciones del consulado de Jamaica, ubicado a menos de dos kilómetros de la embajada de EE. UU. en Puerto Príncipe. El líder de la pandilla Johnson André, alias Izo 5 Secondes, recientemente lanzó amenazas contra los habitantes de varios barrios que se han unido al movimiento Bwa Kale. Estas amenazas no deben tomarse a la ligera. André estuvo involucrado en la masacre del 19 de abril por parte de grupos armados en Source-Matelas, donde alrededor de 100 civiles fueron asesinados como represalia por la creación de una brigada de vigilancia. Algunos observadores temen que las pandillas organicen ofensivas a gran escala contra la población civil para disuadirla de seguir participando en actos de resistencia.
Por otra parte, incluso si dan muestras de poder contrarrestar a las pandillas, los grupos de vigilancia suscitan una nueva serie de inquietudes. A los defensores de los derechos humanos y a otras personas les preocupa que se siga deteriorando el Estado de derecho en Haití. Están alarmados por el crecimiento y la popularidad del movimiento Bwa Kale, así como por el apoyo (explícito y tácito) que ha recibido de muchos funcionarios. Señalan que no hay garantías para proteger a personas inocentes de ser ejecutadas sumariamente por grupos de autodefensa, lo que expone a los ciudadanos a riesgos cada vez mayores. Por ejemplo, en su afán por encontrar personas vinculadas a presuntos pandilleros, los civiles han incautado los teléfonos móviles de las víctimas de linchamiento para buscar a sus familiares, en particular a las mujeres, parejas sentimentales de los pandilleros. En algunos casos, estas personas han sido posteriormente asesinadas. Funcionarios de organizaciones locales de derechos humanos dijeron a Crisis Group que han abierto investigaciones sobre múltiples denuncias de violencia de vigilantes contra personas ajenas a las pandillas.
¿Qué se debe hacer?
Dada la debilidad de las fuerzas de seguridad haitianas, parece poco probable que el Estado pueda frenar la violencia por sí solo en un futuro próximo. Henry solicitó en octubre pasado al secretario general de la ONU el despliegue de fuerzas internacionales especializadas para apoyar a la policía. Según algunas encuestas, la mayoría de los haitianos respalda esta iniciativa  con resignación, ya que recuerdan bien la historia de intervenciones internacionales fallidas y como resuena en ella su doloroso pasado colonial, pero no ven muchas más opciones para poner fin a la atroz violencia del país. Sin embargo, los grandes riesgos operativos que implica un despliegue multinacional de este tipo han hecho que los socios internacionales de Haití se muestren reacios a liderar dichamisión. En una segunda carta enviada a la ONU a principios de junio para reiterar su petición, Henry señaló que una propuesta concreta de la ONU sobre el marco operativo de una misión de este tipo, que incluyera detalles sobre su composición, duración y financiación, podría ayudar a motivar a los gobiernos extranjeros que siguen indecisos sobre el envío de tropas. El Consejo de Seguridad de la ONU tiene previsto debatir la situación en Haití en una reunión que se celebrará el 6 de julio, y fuentes le dijeron a Crisis Group que algunas delegaciones, posiblemente incluyendo a EE. UU., podrían intentar aprovechar la ocasión para discutir la posibilidad de enviar una misión de seguridad.
Eso sigue siendo una tarea difícil. Las intervenciones en Haití tienen una historia turbulenta, y el propio secretario general de la ONU señaló recientemente que los posibles contribuyentes de tropas son reacios a enviar fuerzas debido al estancamiento político que ha impedido la creación de una coalición más amplia para apoyar el régimen de transición. Crisis Group anteriormente ha recomendado que no se desplieguen fuerzas hasta que una masa crítica de las principales fuerzas políticas del país llegue a un acuerdo para colaborar en la formación de un gobierno de transición y se comprometa a apoyar la misión. Hasta que eso suceda, los países donantes están buscando, acertadamente, formas de proporcionar un apoyo más sólido a la Policía Nacional de Haití para ayudarla a restablecer un mínimo grado de seguridad lo más pronto posible.