Periódico Digital de República Dominicana

Era de noche, vieron piruetas de drones lumínicos, y no llovió más café

¿Será lo mismo inteligencia artificial que agilidad mental? ¿O, habilidad, astucia? ¿O astucia y truco político oportuno, en el espacio de nadie?

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Por: Juan Manuel Garcia

La fama del discreto, solapado religioso, y mundialmente festivo merenguero, llenó el Estadio Olímpico. Y nueva vez, Juan Luis Guerra hizo ruido. Llenó el estadio con más de cinco decenas de miles de bullangueros profanos. Y llenó también las tablas, juntando a todos los mejores merengueros de este meloso país.

No llenó los cielos, no porque su música no sea una plegaria al Dios que le da la inteligencia para que él, Juan Luis, sea el protagonista por excelencia, en su nombre.

El cielo, sin embargo, ante los ojos asombrados del público fiestoso, se llenó, también, sorpresivamente, pero de drones que arrojaban luces multicolores producto de lo que llaman, hoy, inteligencia artificial.

¿Será lo mismo inteligencia artificial que agilidad mental? ¿O, habilidad, astucia? ¿O astucia y truco político oportuno, en el espacio de nadie?

Alguien con tanto ingenio como el mismo Juan Luis, se montó sobre el éxito con todos sus drones mágicos. Aprovechó los márgenes que le dejaba el escenario con fines que no eran tan religiosos, ni únicamente festivo. Lo aprovechó para promover otra causa que está de moda: el carnaval de la política partidista desplegada a todo lo ancho durante más tiempo de la cuenta.

La madrugada dejó salir el sol. Los músicos habían, ya, guardados sus instrumentos. Y la luz quiso convertirse en escándalo político.

La astucia de la fanaticada de la reelección, tan legal como cualquier otra causa, no se llevó la admiración de todos. Pero sí, de los miles de seguidores de los dueños, o de quienes pagaron el vuelo de los drones lumínicos, que también bailaron, de colores azul, rojo y blanco,  soñando que ojalá con los drones lloviera café desde los montes.

¿Qué de malo tuvo eso?

Que el show adicional lo llenó la propaganda partidaria del reeleccionismo.

Que no fue un truco de la oposición. Y que ningún quejoso tiene pruebas de que fue campaña fuera de lugar, o en lugar prohibido. Un “trascendío” político de la extravagancia y la oscuridad, de nombre Karim Nader Abu Naba’a, se adjudicó el show de luces como ‘”un aporte mío al próximo alcalde”. Nada ilegal.

Según una carta dirigida a la empresa Space Drone Show y un aparecido ciudadano mexicano Fernando Nolasco Villarreal, la autorización fue para un show de luces en la parte noreste del Centro Olímpico, en Santo Domingo, con los UAS/Drones FLYFIRE KAIKEN, de serie número Al044. A un costo X.

Cuando en tiempos pasados, ausentes de inteligencia artificial, las avionetas del patio político volaban banderas, papelones y telas con colores partidarios a cielos abiertos, nunca hubo molestia, tomada a manos de los contrarios.

La molestia la está trayendo la inteligencia artificial, en las redes llenas de plagios, engaños y ofensas sin correctivos, puesta en boca de bocinas resentidas. Bocinas clandestinas a las claras, con expectativas de renovación retroactiva. Y en todas partes, como hace el tigueraje.

Juan Luis Guerra ha guardado silencio sobre el incidente. Ël, se lo dejará todo a Dios. Esa ha sido su actitud de siempre, cuando trascienden sus cosas, fuera de lo musical. Ahora, también calla. Juan Luis esconde su religiosidad, y a veces su protesta social, detrás de sus ritmos. Y a nadie molesta.

Como el que calla otorga, el Partido Revolucionario Moderno (PRM), ni Dío Astacio, (que también esconde y se vale de su religiosidad con la política), candidato a síndico de Santo Domingo Este, no guardaron silencio para que alguien dijera quien pagó el espectáculo, quien lo montó.

La fabricación de los drones fue legal.
Su puesta en escena aérea fue legal. No se montó dentro del escenario de Juan Luis, un escenario público vendido. El cuchicheo, el bochinche sobre el espectáculo y sobre los drones, va corriendo en paralelo, pero en grande. Ambos ganaron.

Que no se sofoquen en la alianza rara, que ya, esto casi termina.